En enero de 1974, un grupo de chimpancés fue liberado del laboratorio donde habían pasado los últimos seis años. Los trasladaron en jaulas hasta el sur de Florida, donde iban a comenzar su nueva vida. Demasiado asustados, ninguno se atrevía a salir de sus jaulas.
Fue entonces cuando una chica de 24 años, Linda Koebner, ayudó a salir y a adecuarse a su nuevo hogar a todos ellos.
Linda, que estudió durante años conducta animal, explica en el vídeo La sabiduría de la selva que los animales solo se acurrucaban junto a la puerta sin atreverse a pisar la hierba. Fue ella quien les facilitó el camino y los hizo libres.
Estos chimpancés habían sido usados para la investigación de la hepatitis, pero gracias a una nueva vacuna ya no era necesario retenerlos más. Después de tantos años encerrados, necesitaron a Koebner para que les enseñara a ser salvajes de nuevo.
Ella fundó el refugio para chimpancés llamado Chimp Haven en Louisiana, donde pasó 4 años cuidando a estos animales. Después, se despidió de sus amigos y se embarcó en nuevos proyectos.
Lo más increíble de esta historia es el encuentro que casi 20 años después tendría lugar entre algunos de los chimpancés liberados y Linda.
Cuando ella volvió al sur de Florida para saludar a sus amigos, la reconocieron de inmediato y corrieron a abrazarla. Emocionados, se tocaban la cara, se abrazaban y ella preguntó a uno de ellos: ¿me recuerdas?
Si con solo contártelo ya parece alucinante que un chimpancé se acuerde de su salvadora 20 años después de despedirse de ella, espera a ver el vídeo que te dejo al final del artículo porque te demostrará que es más que posible.
Los chimpancés comparten con los humanos un 98% de similitudes en el ADN. Mucho de lo que sabemos sobre nosotros mismos se lo debemos a lo que hemos aprendido estudiándoles a ellos.
Sea como sea, parece obvio que, en cuanto a sentimientos se refiere, también compartimos mucho más de lo que pensamos, ¿verdad?







